Godoy cruza Los Andes




Volaba sobre una alfombra de nubes. A ratos veía aparecer la cima espantable del Aconcagua. Como iba escaso de gasolina, al pasar la frontera resolvió planear y redujo el motor, pero este se detuvo por falla de la bomba automática del combustible, y fue menester usar la bomba de mano.



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El 12 de diciembre debiera ser sin duda un día inolvidable para los chilenos, pues en esa fecha Dagoberto Godoy atravesó por primera vez la Cordillera de Los Andes en un monoplaza cuyo peso era superior al del aire frente a sus más altas cumbres.

Sin embargo la fría e impersonal noticia que siempre leemos en las cronologías señala por lo general escuetamente algo como esto:

"El teniente primero Dagoberto Godoy Fuentealba, el 12 de diciembre de 1918 fue el primero que sobrevoló la cordillera de Los Andes a la altura de Tupungato, piloteando el Bristol Le Rhone N°4988, de 110 H.P. Voló a una altura de 6.300 m. y aterrizó en Lagunitas, cerca de Mendoza a las 6:35 de la mañana".


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Lo cierto es que la historia había sido realmente una aventura apasionante y quien mejor logró describirla fue don Enrique Bunster el que tras una larga entrevista sostenida con el protagonista de la hazaña publicó la historia en la Revista "Zig-Zag" del 10 de diciembre de 1951 de la cual hemos sacado este extracto.

Dagoberto Godoy era un hombre pequeño pero intrépido, que se había hecho aviador después de desdeñar la carrera de sacerdote.

Ese día 12 de diciembre de 1918 Godoy se levantó con las diucas (de madrugada), se desayunó y se caló su gruesa cotona de cuero. El Bristol lo esperaba en la cancha con el motor caliente. A falta de cartas de navegación, el piloto llevaba "un pequeño mapa". Al subir a la cabina dijo, haciéndose el inocente: "Voy a probar la máquina y si está buena..."

A las 5.05 horas despegó y se elevó en espiral hasta alcanzar los cuatro mil metros; en seguida viró al Este y desapareció detrás de los montes del Tupungato. No llevaba oxigeno, y pronto advirtió que el abrigo era insuficiente.

El techo de cinco mil metros indicado por el Bristol estaba por debajo de su propósito; pero un dicho nacional asegura que Dios es chileno, y aquella mañana favoreció al aviador con un tiempo atmosférico que le permitió montar a seis mil trescientos metros. La aguja del altímetro marcaba fuera del margen del instrumento.

El avión pasó por el Cristo Redentor y se internó en el valle de Uspallata. La temperatura era de 15° a 20° bajo cero, y el piloto estaba indefenso en su cabina descubierta. Sentía deseos de zapatear y tirar puñetazos para no congelarse. La velocidad se mantenía entre 180 y 190 kilómetros por hora. Ráfagas esporádicas zarandeaban el aeroplano como a una hoja. Al entrar en valles o cajones sufría bruscas caídas que hacían crujir su estructura y los tensores de sus alas.

Volaba sobre una alfombra de nubes. A ratos veía aparecer la cima espantable del Aconcagua.

Como iba escaso de gasolina, al pasar la frontera resolvió planear y redujo el motor, pero este se detuvo por falla de la bomba automática del combustible, y fue menester usar la bomba de mano.

Al descender se vio cogido por rachas de viento que le hicieron experimentar "un baile infernal". Durante cuatro minutos el avión fue traído y llevado como un volantín chupete, casi fuera del control del piloto.

Desde dos mil metros de altura divisó el río Mendoza y, siguiendo su curso, buscó la ciudad, en cuya cancha de los Tamarindos esperaba aterrizar. Pero Mendoza estaba oculta por una bruma espesa y, por otra parte, no quedaba ya gasolina en el estanque.

Sin perder la serenidad, Godoy siguió planeando hacia el oriente. De pronto entrevió un campo abierto en el lugar llamado Lagunitas. Era un terreno barbechado y, para colmo, deslindado por altas y nutridas arboledas. Se lanzó sobre él sin vacilar, y fue a estrellarse contra una alambrada. Destruyéronse el tren de aterrizaje, la hélice y el ala de estribor. El vencedor de Los Andes se golpeó la frente contra el tablero de instrumentos, pero saltó a tierra sin ayuda ajena. Tenía las manos agarrotadas por el frío y se hallaba congestionado por el enrarecimiento del aire.

Eran las 6.35 horas. La travesía había tomado noventa minutos.

Una hora más tarde Godoy telegrafió a Chile: "Aterrizado Mendoza. Aparato algunos desperfectos. Yo ligeramente herido".

Cuando volvió a Santiago cinco días después, se le premió con una apoteosis. El alcalde le dio la bienvenida en un discurso solemne, y doscientas mil personas marcharon en pos del carro de triunfo en que le condujeron hasta la Plaza de Armas mientras era vitoreado por la multitud.

Pioneros Aeronáuticos Chilenos




David Fuentes Soza. Estableció, con aviones de su propiedad, diversos récords de vuelo, incluyendo el primer cruce en aeroplano del Estrecho de Magallanes, el 1° de noviembre de 1916.

El Teniente Dagoberto Godoy F. Efectuó el primer cruce de la Cordillera de los Andes en aeroplano por su parte mas alta, el 12 de diciembre de 1918, en un avión Bristol M1C.

Clodomiro Figueroa. Realizó el primer correo aéreo en Chile (Stgo - Valparaíso, 01 de Enero de 1919), funda una escuela de vuelo, construyó aeroplanos, y establece una sociedad para difundir el vuelo en Chile.

El Teniente Armando Cortínez M. realizó el primer doble cruce de la Cordillera de los Andes en aeroplano por su parte más alta, en abril de 1919, en un avión Bristol.

El Capitán Diego Aracena Aguilar. Junto al Capitán Federico Barahona, el Ingeniero Ricardo Seabrook y el Sargento Manuel Barahona, realiza el raid Santiago; Río de Janeiro, en agosto y septiembre de 1922. Utilizando aviones DH-9, Aracena logra llegar a corta distancia de su objetivo, completando el raid en un hidroavión brasileño, por accidente del propio. Posteriormente, ya creada la Fuerza Aérea Nacional, le correspondió ocupar la Comandancia en Jefe de la Institución.

José Luis Sánchez Besa. Piloto Civil, diseñador y constructor de aviones antes y durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Algunas de sus aeronaves fueron utilizados por la Aeronáutica Militar chilena en su primera época. Obtuvo premios en competencias aeronáuticas con aviones de su creación.

César Copetta Brossio. Ciudadano francés residente en Chile y dedicado a la mecánica automotriz. Movido por el entusiasmo, se ofreció como voluntario para pilotar el Voisin de 50 H.P y efectuar en ese avión, el primer vuelo de un aeroplano en Chile, el 21 de agosto de 1910.

Luis Alberto Acevedo A. Primer mártir de la aviación civil chilena. Con sus propios medios costeó un curso de vuelo en Francia, dedicándose a difundir el vuelo en Chile por medio de exhibiciones. Muere en accidente de aviación al intentar unir en vuelo Concepción y Santiago, el 13 de abril de 1913.

El Teniente Alejandro Bello Silva. Formado como piloto en Francia en 1913, como parte del grupo de militares enviados a recibir instrucción de vuelo. Se convirtió en el primer piloto desaparecido en la historia de la aeronáutica chilena, cuando el 9 de marzo de 1914, volando un avión Sánchez Besa, se perdió efectuando un raid entre El Bosque, Culitrín, Cartagena y El Bosque.

Luis Omar Page. Primer suboficial del Ejército de Chile en obtener el título de piloto, y que tras su retiro efectuó una carrera como piloto de pruebas y acrobacia. Realizó el primer vuelo nocturno con público en Chile, el 27 de febrero de 1914, concretando posteriormente giras por el exterior, que lo llevaron a realizar el primer vuelo en aeroplano en Bolivia, el 31 de julio de 1915. Más tarde se desempeñaría en empresas aeronáuticas europeas como piloto de pruebas.

Armando Venegas de la Guarda. Precursor de la aviación civil y cofundador del Aero Club de Chile el 29 de marzo de 1913. Se desempeñó como Secretario de esa entidad por largo tiempo, participando en la organización de la primera Conferencia Aeronáutica Panamericana efectuada en Chile en 1916. Pionero del vuelo en globo en Chile, en 1916 alcanzó un record de altura volando en estas aeronaves.

Luis Contreras Sotomayor. General de División del Ejército de Chile. El 22 de julio de 1920, es nombrado Inspector General de Aviación. Bajo su mando, la Aeronáutica Militar efectuó importantes vuelos de reconocimiento del territorio, buscando lugares adecuados para futuras bases, como el vuelo Santiago –Tacna en febrero y marzo de 1924, además de raids de instrucción al sur del país.

El Teniente Roberto Herrera Ramírez. Efectuó el primer cruce de la Cordillera de los Andes por su parte mas alta en aeroplano y con pasajero, el 22 de mayo de 1921. El Vuelo se realizó en un bombardero DH-9, uniendo El Bosque con San Luis en Argentina, donde el avión capota al intentar aterrizar.

Teniente Alejandro Vello Silva



Teniente A. Bello - archivo Mercurio Valparaíso
Teniente A. Bello - archivo Mercurio Valparaíso
Hace 96 años un piloto despegó del aeródromo Lo Espejo, nunca regresó. Su nombre hoy es parte de la memoria popular de Chile.

En los albores de la aviación chilena un accidente y una desaparición han trascendido por casi un siglo, acuñándose la expresión “más perdido que el Teniente Bello” cuando en este país se quiere hacer notar que alguien no tiene la menor idea sobre alguna cosa. Aunque este uso pareciere ser no del todo exacto si se tiene en cuenta la figura de Bello y su carrera aérea.

¿Quién fue el Teniente Bello?

Alejandro Bello Silva, su nombre completo, tenía 25 años de edad al momento del accidente. En 1909 ingresó a la Escuela Militar obteniendo el grado de Teniente segundo. En 1913 había regresado a Chile procedente de Francia tras estudiar en la escuela de aviación Le’Espace. En su paso por este plantel aéreo ya destaca aprobando satisfactoriamente el curso y recibiendo su diploma de piloto con los máximos honores.

En 1914 la insipiente aviación chilena daba sus primeros pasos y en cuatro años de desarrollo ya requería de pilotos militares. Por ello fue que Bello Silva se presentó para rendir las pruebas y alcanzar este grado con las horas de vuelo y kilómetros necesarios.

El misterio de su desaparición

El 9 de marzo de 1914, tres tenientes y un sargento, entre ellos Alejandro Bello, llegaron al aeródromo de Lo Espejo, al sur poniente de Santiago capital de Chile, a fin de ejecutar el raid exigido para ser pilotos de guerra. Bello despegó en un rudimentario biplano Sánchez-Besa de 80 hp, aparato apodado “Manuel Rodríguez”.

La ruta se iniciaba en Lo Espejo, siguiendo con una triangulación hacia Culitrín entre Paine y San Francisco de Mostazal (localidades rurales a unos 70 kms. al sur) y concluiría en Cartagena hacia el poniente en la costa pacífica. La travesía no se concretó totalmente dadas las malas condiciones climáticas, lo que obligó a algunos pilotos a regresar y a otros a descender en el trayecto. Sin embargo, del Teniente Bello no había ninguna señal.

La operación de búsqueda del Teniente Bello y su avión

El Ministerio de Marina de la época dispuso al escampavía “Gálvez” para que rastreara el sector comprendido entre las localidades de Algarrobo y Cartagena, actuales ciudades turísticas de la costa central, en la región de Valparaíso, lo anterior por presumirse que Bello se hubiese precipitado en el mar, según las primeras referencias de testigos.

El rastreo partió desde el puerto de Valparaíso el día 11 de marzo. Al mando de la nave escampavía iba el teniente Urrutia y se sumaron dos hermanos del desaparecido además de corresponsales y fotógrafos de algunos diarios.

La búsqueda del teniente Alejandro Bello duró 14 días, hasta que fue suspendida oficialmente, al no encontrarse el menor rastro pese a que el equipo de rescatistas admitieron haber recibido diversas pistas proporcionadas por lugareños y pescadores, las patrullas, tanto por tierra como por mar, no obtuvieron ningún resultado y la búsqueda se suspendió definitivamente el 23 de marzo de 1914.

Año 2007, otro intento de dilucidar el destino del Teniente Bello.

Una nueva expedición se constituyó a fin de verificar ciertos restos del supuesto avión de Bello encontrados en la década del ‘80 en el sector de Cuncumén (próximo a Cartagena). El equipo estaba integrado por ingenieros militares, funcionarios municipales, miembros del club aéreo de San Antonio y del museo de esta misma ciudad.

El equipo recorrió se encontró con abundante flora silvestre lo que dificultó un examen más meticuloso de los terrenos en donde se especuló estarían los restos del biplano. El jefe de la expedición, Jorge Ponce, presentó a la prensa, sólo dos restos de aluminio, que según los especialistas, corresponderían al habitáculo de un avión.

El misterio continúa

Los expertos compararon los restos con dibujos de la época, donde se distingue que los biplanos del tipo Sánchez Besa Nº13 poseían un fuselaje y alas conformadas por fierro galvanizado y una cabina de aluminio. La duda persiste debido que la nave que ocupó Bello ya estaba para la baja en esos años y contenía partes de lona, elemento de rápida degradación.

Por ello que José Luis Brito, encargado del museo de San Antonio, informó que los restos examinados efectivamente corresponden a una nave antigua por las aleaciones de metal empleadas, pero no comprueban con certeza haber pertenecido a la nave del desparecido Teniente Bello.

Con todo la historia de la misteriosa desaparición del Teniente Bello sigue presente y atrayendo a nuevas generaciones tanto de expertos como de quienes simplemente adhieren a ese espíritu aventurero y sacrificado tan arraigado en los chilenos.